El Día Internacional de los Derechos del Niño y la Niña es una ocasión para celebrar logros en la protección de la infancia, pero también para reflexionar sobre sobre cómo podemos mejorar la participación y desarrollo de los niños, niñas y adolescente (NNA) en nuestra sociedad. Según cifras actualizadas para 2024, Chile cuenta con aproximadamente 5,2 millones de niños, niñas y adolescentes (NNA), de los cuales un 27% vive en situación de pobreza multidimensional, enfrentando barreras significativas que afectan su desarrollo pleno y participación social.
Los estudios sobre infancia destacan que los niños no son solo “adultos en formación”, sino individuos con derechos y responsabilidades en el presente. Autores como James y Prout (1990) señalan que la infancia no es únicamente una etapa biológica, sino también una construcción social moldeada por las culturas y el tiempo. Reconocer su capacidad de acción, o agencia, es clave para fomentar su autonomía y ciudadanía. Entonces: ¿cómo se incluye a los NNA en nuestra comunidad? ¿Qué espacio de opinión y desarrollo tienen?
Muchas veces, cuando se habla de los derechos, se hace necesario hablar también de los deberes. Y tiene sentido como constructo complementario. Como el Ying y el Yang, en una comunidad no hay derechos sin deberes. Sin embargo, que se hayan visibilizado solo los derechos, tiene que ver con la historia de los NNA que han sido vistos desde el déficit, es decir, como seres que todavía no son adultos e incluso en una posición de subordinación respecto de los adultos.
Cuando visualizamos sus derechos y deberes podemos generarnos un espacio de agencia y ciudadanía. William Corsaro ha demostrado que es en las interacciones con sus pares, de consideración o de resolución de conflictos, donde los niños aprenden y practican el cuidado mutuo de sus derechos. Los niños no solo necesitan ser protegidos; también deben aprender y ejercer la responsabilidad de proteger a otros, cultivando así una comunidad de cuidado y respeto.
A menudo, las decisiones sobre educación, reglas familiares o participación comunitaria se toman sin consultar a los NNA. Esto limita su sentido de responsabilidad y compromiso. Por ejemplo, incluirlos en la elección de actividades extracurriculares o normas del hogar podría fortalecer su autonomía y generar un mayor entendimiento mutuo. Asimismo, permitirles opinar en foros sobre políticas de infancia o planificación de espacios públicos, como parques y zonas seguras, fomentaría su sentido de pertenencia y responsabilidad cívica.
La visión de los niños como seres dependientes e incompetentes, según Verhellen (2006), perpetúa su subordinación a los adultos y dificulta su capacidad de actuar como agentes de su propio destino. En tanto, autores como Corsaro (2005) han evidenciado que los niños, al interactuar entre pares, no solo reproducen normas sociales, sino que contribuyen activamente a su transformación. Este enfoque refuerza la importancia de generar espacios donde puedan practicar el cuidado mutuo y asumir responsabilidades en comunidad.
Si coincidimos en la necesidad de abrir más espacios a los niños, niñas y adolescentes (NNA) en nuestra convivencia diaria, entonces es imperativo embarcarnos en un proceso de transformación. Este cambio no ocurre de la noche a la mañana, sino que requiere de un proceso consciente y estructurado que comienza con el reconocimiento de las prácticas que segregan y continúa con la creación y aplicación de estrategias concretas y cotidianas que promuevan una inclusión auténtica y profunda de los NNA.
“No podemos buscar o encontrar lo mejor para los demás por nuestra propia conveniencia; en última instancia, lo mejor para cada uno es lo mejor para todos.” Con esta cita, Dewey refuerza la idea de que al fomentar un entorno inclusivo y respetuoso para los NNA, no solo estamos asegurando su bienestar, sino también cultivando una comunidad donde el bien común se refleja en el bienestar de cada individuo. Es tiempo de revisar y reformular nuestras creencias, prácticas y estrategias para que nuestros jóvenes ciudadanos no solo estén protegidos, sino también empoderados.
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